Sólo es una si no me bajo nunca.
Sentado sobre el sofá de su sala amarrando sus cordones, le llamó la atención el sonido de su reloj <<tic, toc>> alzó la muñeca, lo miró y salió corriendo. No quería ser impuntual ni temprano ni tarde, su cita era a una hora escrita y su afán lidiaba una media mal alzada, al llegar a la avenida llamo a una motocicleta con las manos. "Llévame rápido" le dijo al sentarse, "¿A dónde?" contestó el conductor, mientras en su cabeza pensaba la buena pregunta que era contestó: "Yo le aviso por dónde". Con la fe que nunca le tuvo nadie, el decidido conductor encendió la motocicleta y arrancó. No podía disfrutar el trayecto por sus nervios, aunque la brisa aterrizaba suavemente en su pecho, sus piernas no podían evitar temblar. Se hizo consciente, había salido a verla a ella y nisiquiera estaba en la ciudad. El decidido conductor me pregunta: "¿Hacía donde?", con su dedo apuntó a cualquier lugar, ya no importaba con tal de estar a una carrera de ella.